
25 de febrero de 2026.
Los últimos años de Nemesio Oseguera Cervantes estuvieron marcados por el progresivo deterioro de su estado de salud, de acuerdo con diversos reportes de inteligencia que señalaban que padecía enfermedad renal crónica.
Esta condición médica implica dependencia de terapia sustitutiva renal, como hemodiálisis, así como seguimiento médico especializado y continuo.
Según información difundida en distintos informes, ante la imposibilidad de acudir a instituciones formales de salud, el líder criminal habría optado por construir un hospital propio en una zona remota de Jalisco. Presuntamente, el inmueble contaba con una unidad de hemodiálisis equipada para su tratamiento bajo estrictas medidas de confidencialidad.
No obstante, la infraestructura necesaria para sostener atención especializada —personal capacitado, insumos médicos, equipos de diálisis, medicamentos y una cadena constante de suministro— generó una concentración inusual de recursos sanitarios en la sierra de Jalisco.
Esa logística, diseñada para preservar su vida, terminó convirtiéndose en un punto estratégico que habría facilitado su localización.
El operativo que culminó con su captura se desarrolló en la zona comprendida entre Talpa de Allende y Tapalpa, municipios del estado de Jalisco.
Más allá del contexto criminal, el caso expone una realidad médica ineludible: la fragilidad biológica es universal. Incluso quien contó con los recursos para construir una infraestructura hospitalaria propia no pudo sustraerse a las limitaciones inherentes a la condición humana.
Intercity Comunicación continuará informando sobre los avances oficiales relacionados con este caso.
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