
La violencia en la frontera entre Tailandia y Camboya ha obligado a más de 500 000 personas a abandonar sus hogares en los últimos días, mientras las fuerzas armadas de ambos países reanudan combates intensos en zonas disputadas. Esta última escalada se convierte en la más grave desde los enfrentamientos de julio, truncando un frágil alto el fuego alcanzado meses atrás.
Los gobiernos de Phnom Penh y Bangkok se culpan mutuamente por el rompimiento de la tregua: Camboya acusa a las fuerzas tailandesas de usar artillería pesada y aviones, mientras Tailandia sostiene que su vecino inició las hostilidades con fuego de mortero. Las autoridades han trasladado a cientos de miles de civiles a refugios temporales en varias provincias para protegerlos del avance de los combates.
Organismos internacionales y líderes mundiales han manifestado su preocupación por la situación humanitaria y han pedido el regreso al diálogo para evitar una crisis aún mayor. La región, conocida por disputas territoriales históricas, vuelve a enfrentarse a tensiones que afectan a comunidades enteras y aumentan el riesgo de un conflicto de mayor envergadura.
