
Por Grupo Intercity Comunicación
En las calles de Veracruz, cuando el calendario se acerca a su última página y el reloj se prepara para marcar la medianoche del 31 de diciembre, una figura reaparece año con año entre risas, coplas y nostalgia: El Viejo.“Ahí viene el viejo muriéndose de risa, porque a medianoche lo hacen cenizas…” corean niños, jóvenes y adultos, recordando una de las tradiciones más arraigadas del estado, donde el humor popular se mezcla con el simbolismo del fuego y el cierre de ciclos.Un personaje que encarna al año que terminaEl Viejo representa al año que se va: cansado, cargado de experiencias, errores y aprendizajes. Suele ser un muñeco elaborado con ropa vieja, cartón, paja o aserrín, al que se le da forma humana y se pasea por barrios y colonias.En muchos municipios, este personaje es acompañado por versos improvisados, música, disfraces y una solicitud muy particular:“Una limosna para este pobre viejo…”Más allá de la petición simbólica, la escena es una invitación colectiva a reírse del paso del tiempo, a despedirse sin rencores y a hacer comunidad.El fuego como cierre y renacimientoLa tradición culmina a la medianoche, cuando El Viejo es incendiado frente a vecinos y familiares. El fuego no es destrucción, sino purificación: las cenizas simbolizan el pasado que se deja atrás para dar paso a un nuevo comienzo.En Veracruz, esta práctica convive con otras expresiones decembrinas, pero conserva un sello propio: la picardía, la convivencia barrial y el sentido festivo, incluso en contextos de dificultad.Identidad viva que pasa de generación en generaciónAunque los tiempos cambian y las ciudades crecen, El Viejo sigue apareciendo en patios, calles y plazas. Para muchos niños es la primera vez que escuchan los versos; para los adultos mayores, es un recuerdo de infancia que se niega a desaparecer.Especialistas en cultura popular coinciden en que esta tradición no solo despide el año, sino que refuerza la identidad veracruzana, el sentido de pertenencia y la transmisión oral de costumbres que no están en los libros, pero viven en la gente.Más que una tradición, un espejo socialEn años recientes, los versos del Viejo también han servido para expresar crítica social, ironía política o reflexiones colectivas sobre lo vivido. Así, la tradición se adapta sin perder su esencia: reír para resistir, quemar para renacer.Cuando el fuego se apaga y solo quedan cenizas, Veracruz recibe el Año Nuevo con esperanza renovada.Porque aquí, incluso el tiempo viejo se despide muriéndose de risa.
